El olvido creador

Trabajando para los demonios

Pentamón 19 del 2273 CH – Época octava

Damalfit el mago yacía inconsciente sobre un charco de una espesa y grotesca saliva producida por el enorme jabalí, el enorme oso que no le permitía el paso a Ryoback era bastante fornido, su altura arrodillado era semejante a la de un humano común, su contextura similar a la de un enano adulto dejaba impactado al joven creyente de Zechi que nada podía hacer.

El grupo que finalmente había llegado no pudo ayudar de nada al ver la amenaza que tenían al frente, el mago que estaba en un estado bastante crítico perdía cada vez más sangre, inmediatamente el trasgo percibió la llegada de los combatientes, no dudó un instante en curar a su jabalí que estaba exageradamente cansado debido a las grandes corridas que tuvo que realizar. Seguido a esto, el trasgo se acercó al mago y lo curó, al parecer lo necesitaba vivo, algo muy extraño debido a los enfrentamientos anteriores, pero éste en un intento desesperado de huir del enorme cerdo que intentaba engullirlo , se arrastró por el suelo, cerca de arpad, y seguido a esto cayo nuevamente desmayado, arpad intento coger a Damalfit y montarlo a uno de los caballos pero lastimosamente falló, inmediatamente el trasgo le ordeno al jabalí que intentara nuevamente tragarse al mago, y esta vez lo logro, pero no del todo, pues aunque parecía que este lo hacía con el fin de matarlo, no fue así, ya que el trasgo también salto a la boca de animal, la cual era capaz de albergar un volumen bastante grande.

Todo el grupo se sorprendió al ver esto, y el primero en tomar alguna acción, fue el rápido y ágil batidor del grupo, que en una sutil acrobacia se montó a lomos del jabalí, pero vaya sorpresa se llevó el hombre cuando escucho que desde adentro del animal se podía escuchar a dos criaturas hablando. Todo parecía indicar que nuevamente el trasgo había curado a damalfit y además estos dos estaban teniendo una charla que tomo su origen en la cómoda boca del enorme jabalí.

- Que quieres de mi.-gritó el mago al volver demasiado asustado de su inconciencia.
- Silencio.- dijo el trasgo con un tono infantil mientras afinaba su oído para escuchar que ocurría afuera.- mi padre Tehamú solicita la ayuda de tu señora.- dijo el trasgo volviéndose al atemorizado mago.

El mago bastante impactado por la solicitud que le acababan de pedir, y más confundido aun por la forma que la pidieron respondió:

- Y Sakregaila ayudara, pero ¿era necesario pedirlo de esta manera?

- Lo lamento, pero no podía arriesgarme, no sabía a quién me encontraría, y peor aún, no sabía a ciencia cierta a quien buscaba- dijo la pequeña criatura mientras miraba fijamente al mago.- simplemente me comentaron que utilizaba la magia arcana, así que cuando me atacaste supe que eras tu

- ¿y para que necesitan mi ayuda exactamente?-pregunto Damalfit.

- Matar orcos, muchos de los malditos hijos de Janukra, y no aceptare un no como respuesta.- dijo el trasgo con mucha imponencia.
- Por mí parte no hay problema, lo difícil será convencer a mis compañeros, aunque no aseguro nada.

El trasgo con un aire de inconformidad, le ordeno al jabalí que expulsara con su lengua al mago, el cual cayó de las mandíbulas del enorme animal cubierto por una espesa saliva. El mago les pidió que lo siguieran y les comentó sobre la misión, Arpad no parecía contento, Alaska no tuvo problemas y el resto del grupo se tornaba indeciso. Luego de unos minutos de estar hablando, el trasgo salió de la boca del animal y prometió pagar el triple de lo que les estaban pagando en Meikos, a lo que el mago, en un momento de brillantez respondió que el valor a pagar era de 70.000 piezas de oro por cabeza, a pesar de que al trasgo le pareció uno suma bastante alta para unos guerreros de dichas habilidades, acepto a pagar la suma, luego los guerreros solicitaron de dos ciclos para poder tomar una decisión, el trasgo no se opuso a esto.

Un ciclo después y luego de haber convencido al resto de la compañía, ésta opto por partir directamente hasta el lugar en el cual tenían que realizar su nueva misión.

El grupo bordeo el pantano que tomaba una forma en curva hasta desaparecer, después de esto siguieron por la extensa y larga llanura, hasta llegar a lo que parecía un vasto campo amarillo, que por la deducción del grupo había sido destruido por las enormes criaturas que venían del norte, el lugar hacia el que se dirigían. Luego de pasar por el prolongado campo, el grupo llegó a una pequeña llanura verde y luego al interminable y terrible bosque profundo, se demoraron varios ciclos para llegar hasta este lugar, afortunadamente no pararon un solo minuto gracias a los poderes del trasgo que podían restablecer a los caballos.

Luego de llegar al inicio del bosque, comenzaron a buscar el camino, el cual fue encontrado por Veint, el familiar de Damalfit. Ya encontrados en el largo sendero, el grupo siguió por este por un buen rato, toda la naturaleza que debería de haber en este se encontraba completamente destruida, desde el árbol más grande hasta el brote más reciente estaba completamente marchito.

Unos minutos después de haber encontrado el camino, el trasgo avisó a la compañía que habían llegado al lugar por el que habían caminado tantos ciclos.

Al llegar el grupo pudo observar en los arboles a unas criaturas bastantes extrañas, eran una extraña combinación entre un humanoide pequeño y un horrible simio, estos eran gibados, a los cuales se les dio la orden de que llamaran a uno de sus mayores, de repente un babau apareció al frente de la compañía, estas eran las criaturas a las cuales iban a servir: demonios, hijos de Tehamú

La misión del grupo era bastante sencilla, ir hacia el frente sur y enfrentarse contra los orcos, nada muy diferente a su trabajo en Meikos.

Ya ubicados en el campo de batalla, no fue mucha la demora para que las tropas de orcos cayeran en ataque contra el frente, las flechas disparadas por el arco de Alaska impactaban en las gruesas y resistentes pieles de los orcos, las bolas de fuego que lanzaba Damalfit lograban hacer un buen daño a una buena cantidad de orcos que empezaban a emanar un fuerte olor a quemado, el bastón de Arpad se movía con agilidad golpeando con gran contundencia, las rápidas espadas de Helios cortaban velozmente a distintos contrincantes, Ryoback que fue el primero en caer, no pudo mostrar mucho su talento frente a los fuertes orcos que rápidamente lo dejaron inconsciente, pero un momento después de haber caído fue restablecido con la ayuda del grupo y volvió al fulgor del combate en donde luchaba con gran honor. Mientras se luchaba, los guerreros se daban moral, en especial Arpad que en mitad del combate, gritó muy valientemente el dogma del dios Kefhos, mostrando su devoción por éste.

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El combate transcurrió al principio muy reñido, los orcos se curaban entre ellos y, gracias a su gran número eran capas de arremeter contra alguien en gran número, pero luego uno a uno fueron cayendo, pero vaya sorpresa se llevó el grupo, cuando faltando solo uno para terminar con la batalla, se avistaron en la espesura, tres grandes orcos, entre estos, uno tenía un tamaño bastante grande y más grande aún era la gran maza pesada que traía a sus hombros.

El grupo preocupado, comenzó a correr hacia el lado opuesto del que venían las grandes criaturas, y pidieron ayuda a los gibados que se encontraban montados en los arboles cumpliendo el papel de vigías, y para suerte del grupo poco tiempo después de haber solicitado a los gibados, un gran grupo de aproximadamente unos treinta babau acudió a secundar al grupo, que rápidamente se puso al frente en la batalla.

Por suerte el grupo pudo asaltar al inmenso orco y tomarlo de rehén, el grupo que restablece el frente, se dispone a descansar, esperando a ver qué les puede esperar en el frío sexmón.

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