El olvido creador

De nuevo la inexorable "Larga noche"

Un Kuthruel bastante desconfiado se dirije con el enano de grandes hombreras y su extraño e inseparable compañero de sombrero hacia una casa popular cerca a la costa. Una humana anciana les abre la puerta y todos ingresan, curiosamente nada en el lugar emana magia, ni la anciana, ni las paredes o puertas, es tan mundano como parece. Luego de llegar a una especie de patio descubierto, el enano le solicita a Kuthruel usar una venda para sus ojos, pues no debe ver el lugar al que va, éste accede luego de dudarlo un poco, y posteriormente tapan su cabeza con una capucha negra, evitando así que pueda ver nada si tuviese la venda mal ubicada, también atan una cuerda a su brazo derecho y comienzan a guiarlo tirando de la misma. Luego de un instante de silencio, parece que bajan unas escalas y llegan a un pasillo húmedo, donde el piso se siente arenoso, caminan un gran tramo y Kuthruel siente un fuerte olor alquímico que reconoce como un tipo de somnífero, se resiste al olor y de inmediato escucha al enano que le explica que debe llevarlo por medios mágicos al lugar donde lo protegerán, y sólo intentaba dormirlo para asegurar el funcionamiento del hechizo, sin más palabras le recomienda al mago no resistirse y luego se escuchan unos ensalmos que Kuthruel reconoce como un conjuro para teleportarlo, aunque no recuerda haber visto en el enano tanto zeclón como para lanzar dicho hechizo. Tras un instante que pareció de varios segundos, Kuthruel finalmente decide no resistirse a la magia y llega a un lugar que parece tener un piso firme, aunque de tierra, un aire seco y sin olores característicos. La cuerda se tensa en una dirección y Kuthruel la sigue despacio, tras un largo caminar, se escucha el chirrido profundo de una gran bisagra y el piso cambio a uno empedrado, su cuerda deja de estar tensa y el chirrido se escucha nuevamente, esta vez tras de sí.
No pasa mucho tiempo antes que Kuthruel se da cuenta de que está solo, se libera de sus ataduras y vendas y observa lo que parece ser un intermedio entre una habitación sencilla y una celda cómoda; hay una sola pared circular que encierra el lugar y que se estrecha a medida que asciende, pareciendo el interior de una botella, en el extremo superior parece haber una pequeña rendija por donde entra una muy tenue luz, y tal vez aire, hay un espejo de acero pulido junto a una jaina, al lado de ésta sale de la pared un pequeño tubo metálico del cual gotea cada tanto agua, la cual cae sobre un gran cuenco de metal, al frente del espejo tres paredes hechas de madera cierran un espacio que parece una jaula, en cuyo interior hay un montón de paja compactada y cubierta por un cuero grueso, sirviento como camastro, finalmente, entre la jaula y el espejo, pegada a la pared había una letrina sencilla y por lo demás, bien aseada. Si allí pasarían semanas enteras, Kuthruel se aseguraría de ponerse cómodo, improvisar un reloj de arena tomando el goteo constante como guía, y solicitando libros para leer mientras sólo podía suponer que pasaban los ciclos.


En el limo púrpura Arpad termina de hablar con el extraño gnomo que se hace llamar “petirrojo”, luego de entregarle un colmillo de dragón y, esperanzado en que cuando averigüe de qué se trata pueda prestar sus servicios de subterfugio al grupo, vuelve a su habitación junto a “filoprofundo”.
Karenin, intrigado por haber escuchado ruidos de batalla en la habitación de Arpad, y al saber que has hecho un tipo de entrenamiento suave, decide también probar suerte contra el drow, más para su entrenamiento propio que para el de éste último.
A una calle de la taberna llevan a cabo un combate de entrenamiento, bajo la premisa de que por cada golpe que pueda hacer “filoprofundo” con su espada, Karenin le pagará 2 po. La práctica termina con una deuda de 14 po por parte de Karenin, quien entrega 20 al drow por su buen desempeño, éste último indica entre sus gestos y su mal pronunciado común que en realidad luego de 2 golpes una pelea real ya habría terminado, haciendo claridad a que siempre combate con una hoja envenenada. Cuando se despiden, Karenin se dirije al templo de Zechi para continuar con su estudio sobre La Renovadora.
Pronto alguien busca al kenku en la entrada de la taberna y para su sorpresa y la del drow, se trata de un hombre lánguido y de buen porte, con traje de cola, sombrero de copa, monóculo y un bastón de pomo dorado. Cuando indica que viene de parte de la señorita Nefferet, Arpad comprende la situación y junto al drow, acompañan al hombre a un carrueaje que los conduce hacia un puesto de avanzada, una vez allí son transportados en glifo hasta la casona de un guardaespaldas de un Jerife. son atendidos con amabilidad y pronto aparece Nefferet quien ahora parece que es la “sobrina” del guardaespaldas, que curiosamente, se encuentra fuera de la ciudad por varios ciclos. Allí entrega a Arpad la suma de 14 mil po por la venta completa de las partes del dragón y le indica que cuando terminen lo que dijeron que harían con el esqueleto, quiere mostrárselos, de hecho, indica que lo vendió con esa regla. Al conocer las habilidades del drow, Nefferet indica que desea quedarse varios ciclos con él, enseñádole partes de la ciudad y tal vez algunas habilidades que puedan serle de utilidad, Arpad asiente y se despide para pasar el sexmón en el templo de Kefhos.

“Petirrojo” aguarda hasta el primero de sexmón para recibir la iniciación oficial en el gremio de los Arcanos del arte, al cual se acaba de unir recientemente. La reunión que congrega a más de cien personas, se lleva a cabo al parecer en un enorme salón ubicado bajo tierra en un barrio calmado cerca a la biblioteca de Abjanel. No es nada del otro mundo, de hecho, los cinco iniciados, son presentados a la comunidad del gremio, y posteriormente, todos se disponen a comer y beber a la vez que establecen contactos de interés con los presentes. “Petirrojo” aprovecha al terminar la reunión para fabricar algunas de las armas que ve como posibles trabajos del gremio en un tablón de noticias, así pasará rápidamente los ciclos de sexmón, además al poder usar un laboratorio del gremio estará seguro de la nieve en la larga noche.


Karenin, Dante y So se encuentran en el templo de Zechi; el primero escuchando atentamente las instrucciones de los novicios sobre cuanta cosa relacionada con Zechi encuentran para decirle, sobre los elementales, el plano de fuego o los héroes de antaño del clero, el segundo aguarda por su amada y por noticias sobre el avance en la investigación sobre el campo antimagia que la rodea, y la tercera pasa su tiempo comiendo, durmiendo y dialogando con alguien, cuando hay alguno cerca, no puede hacer mucho más mientras se realiza prueba tras prueba con ella, todas infructuosas hasta el momento. Llegado sexmón, so es trasladada a una fortaleza dentro del templo en la cual Dante ya no podrá entrar, así que se despiden temporalmente esperando que las nuevas pruebas con magia poderosa que se llevarán a cabo den resultados.
Los ciclos avanzan y la única noticia que recibe Dante es que so, su esposa juramentada ahora está embarazada y que mientras continúen sin poder usar magia sobre ella, deberá permanecer en el templo para cuidar de su estado mundanamente.
Karenin ve cómo, a medida que se acerca el noxante, el templo comienza a rebosar de paladines y clérigos armados que van tomando posiciones como si se avecinara una guerra, él mismo indica que desea ayudar en la protección, pero le indican que los infieles no pueden tomar parte, aunque le permiten aguardar en un piso intermedio de una torre vigía cuando llegue el noxante.

Noxante del 2276 CH, época octava.

La calle del templo de Zechi tiene al menos 30 paladines de la diosa ubicados a ambos lados de la misma, dentro del templo, se ha descubierto parte de una habitación escondida bajo el altar que rebosa de armas y municiones, cada seguidor de La Renovadora que puede portar un arma, lo está haciendo y las grandes puertas se cierran por un mecanismo metálico gigante al momento en que los creyentes detectan que su conexión con su diosa se ha interrumpido. Karenin observa por una almena un segmente de la calle mientras el instante más ocuro del año se desarrolla sin contratiempos. El domo de la ciudad ha funcionado como todos los años, las calles están, aunque bastante frías, libres de nieve, y el cielo permanece tan negro que no podría verse nada que lo sobrevuele, eso parece ser un buen signo, pues muchos especulaban que nuevamente se tornaría rojo como el noxante anterior.
Luego de un tiempo imposible de determinar, la calma termina, afuera se escuchan gritos de los paladines, pasos rápidos y sonidos metálicos que indican gran agitación. Karenin observa por su rendija y logra ver que una criatura, de la que solo se observan sus ojos pálidos y una sonrisa blanca, se mueve rápidamente por los tejados de enfrente. Varias lanzas pasan cerca de ella y las pocas que van dirigidas a su cuerpo la atraviesan sin más, a ojos de Karenin pareciera como si la criatura hubiese cambiado su cuerpo para dejar un hueco en el lugar donde debió ser impactada. Impotente por no poder hacer nada, sólo grita cada detalle de lo que ve, la ubicación de la criatura, su forma y su aparente habilidad de evitar los ataques. El ser que cambia de un tejado a otro deja de moverse, parece que se pone de pie y comienza a gesticular y a pronunciar un galimatías, sus ojos irradian una tenue luz amarilla, y frente a sí mismo se comienzan a dibujar varios símbolos divinos. Karenin reconoce varios de ellos, está Kefhos, Eiláatir e inclusive el que parece estar relacionado con una diosa llamada Ivasha, aunque es difícil detallar bien desde donde él está. La criatura cesa de hablar y posa su mano estirada frente a ella, los símbolos irradian una luz carmesí y de cada uno emana un rayo que enciende el aire y mientras golpea a los paladines, genera una explosión tan estruendosa que se puede percibir a muchas calles a la redonda. Los guerreros que ahora están desprovistos de su magia no tienen otra opción más que ingresar al templo, el cual sella nuevamente sus puertas una vez han entrado aquellos que sobrevivieron a la explosión…

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